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La importancia de la actitud en una entrevista de trabajo

Llevamos meses enviando nuestro currículo a diferentes portales de empleo, esperando una respuesta, siendo descartados pero, un día, un día tenemos una llamada: ¡alguien quiere conocernos!

Es una sensación a caballo entre la alegría desbordada y un nerviosismo bastante improductivo. Ha llegado el momento, nuestro CV ha dado en el blanco y tenemos la oportunidad de convencer a una empresa de que nosotros somos lo que necesita. Cuando llega el día de la cita, nos vestimos con nuestra mejor ropa, nos peinamos para la ocasión y nos dirigimos al lugar establecido; tras un rato de entrevista, nos dicen que ya nos llamarán. Pero no siempre lo hacen.

Si recibir la llamada producía una sensación de extrema alegría, no lograr el trabajo tras una entrevista provoca otra de extrema angustia y decepción. ¿Qué he hecho mal? ¿Cuál es el problema? Si mi currículo era bueno para ellos, ¿por qué no he conseguido el empleo? Seguramente, por tu actitud. En un país con sobrepoblación universitaria y una tasa de desempleo del 20%, tener conocimientos y experiencia no es suficiente. Hay mucha gente con incluso más de lo uno y de lo otro. ¿Qué nos puede diferenciar? La actitud.

Mitos y verdades sobre la actitud en una entrevista de trabajo

-    Si me han llamado para la entrevista, ya casi lo he conseguido: ¿en serio crees eso? Hace años cuando una empresa entrevistaba a un candidato, sólo había 3 o 4 más como opción; tus posibilidades eran del 20 o el 25% de conseguir el trabajo. Hoy en día, las empresas son capaces de obtener cientos de CV y, por tanto, docenas de entrevistas; tus posibilidades son pequeñas y tienes que causar una muy buena impresión, la mejor impresión entre todos los candidatos.

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Cómo demostrar ser el candidato idóneo.

No hay momento más decisivo en la consecución de un puesto laboral que la entrevista de trabajo. El CV importa, las recomendaciones también… pero lo realmente fundamental es dar una buena imagen en el primer cara a cara con la empresa. Para ello lo principal es saber qué va buscando una compañía cuando quiere cubrir un puesto laboral.

Los requisitos demandados en un candidato han cambiado a la par que lo ha hecho el mercado laboral; antes si la formación era insuficiente la empresa misma dedicaba un espacio a formar al candidato en las técnicas necesarias para desarrollar el puesto. Ahora este paso se omite para pasar directamente a un candidato que pueda aportar valor a la empresa desde un primer momento, sin necesidad de formación previa.

Las empresas se han vuelto muy pragmáticas y necesitan a los mejores candidatos que sepan desempeñar su trabajo desde el principio, que sean resolutivos y sepan adaptarse a los cambios con rapidez. Hay que tener en cuenta que ahora nadie pretende hacer su carrera profesional en una misma empresa de por vida sino que cada dos o tres años se produce la necesidad de cambiar de trabajo; las empresas lo saben y por eso pretenden que el tiempo que esté en la empresa el candidato aporte lo máximo posible a la misma.

La versatilidad (que no debe estar reñida con la especialización) también es algo muy valorado ya que existe una tendencia a buscar qué es lo que el candidato puede aportar a la empresa a medio y largo plazo y para ello es fundamental la capacidad de movilidad interna.

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Hablar inglés: de valor añadido a requisito imprescindible.

Qué lejano parece estar ya aquel tiempo en el que ante un CV que contenía uno o varios cursos de inglés dejaba impresionado al entrevistador ante lo que el candidato, orgulloso, se erguía en la silla… Antes el inglés era un valor añadido, una ventaja que diferenciaba al solicitante de un puesto de trabajo frente a los otros postulantes. Quizás sea por eso por lo que todo el mundo se puso a aprender inglés; para poder erguirse con orgullo en la silla de una entrevista.

Sin embargo, qué decepción cuando una vez el inglés formaba parte del CV, todos estos alumnos constantes se dieron cuenta de que el entrevistador no sonreía sino que se limitaba a asentir con la cabeza ante ese valor (ya no añadido) con la misma naturalidad que si el candidato escribiese en el CV que sabe leer y escribir.

El inglés se ha convertido en imprescindible en el 20% de las ofertas de trabajo, sobre todo en aquellas relacionadas con el marketing y la comunicación, la ingeniería, la técnica y lo legal. Un 40% de las ofertas de trabajo pertenecientes a estos campos exigen el inglés como requisito para optar al puesto. La administración de empresas los sigue de cerca, con un 37%.

Esta situación ha provocado que los más rezagados se pongan a aprender inglés. Los cursos a distancia son una buena opción que permite adaptarse a las circunstancias laborales y profesionales de cada uno. Cada septiembre las matriculaciones aumentan en un 14%.

Pero, ¿dónde está ahora el valor diferencial? La globalización y la crisis han impulsado a los españoles a aprender un idioma que no sea el inglés y el alemán, el chino y el francés son las opciones más frecuentes. El número de ofertas de empleo que requieren alemán o chino en sus candidatos aumentan. La pregunta es: ¿durante cuántos años estas competencias lingüísticas nos harán sonreír orgullosos en la silla de entrevistas antes de convertirse en un requisito obligado?

La naturalidad: punto clave en la entrevista de trabajo

Seguramente todos recordamos nuestra primera entrevista de trabajo. La primera vez  se recuerda siempre; por los nervios, las inseguridades, los consejos aprendidos de un libro…

Normalmente durante la conversación estábamos pendientes de tantas cosas que ni siquiera nos enteramos bien de las condiciones del puesto que solicitábamos. Puede incluso, que en alguna ocasión eso haya hecho que salieseis de la sala arrepintiéndoos de haber dicho esa frase o de no haber resaltado aquel otro punto del CV.

Pero las siguientes veces irían mejor, con la experiencia, como en todo, se adquiere soltura aunque siempre hay una serie de puntos a tener en cuenta, ¿o no?

Existen cientos de recomendaciones que llenan catálogos, libros o incluso son objeto de largas conferencias pero a la hora de la verdad (normas de comportamiento evidentes aparte) la naturalidad es el punto clave. Siendo uno mismo, reconociendo tanto los errores como las virtudes y haciendo siempre hincapié en la disponibilidad para mejorar será más fácil ser percibido como alguien creíble y por lo tanto de confianza.

El conflicto aparece cuando dejamos de ser cómo somos para pasar a ser cómo quiere la empresa que seamos o, más bien, como creemos que la empresa quiere que seamos…

Este es un aspecto que podemos apreciar con claridad en las entrevistas o dinámicas de grupo que algunas veces se incluyen en los procesos de selección.

Ante un ejercicio con otros futuros o posibles compañeros tendemos a pensar que la empresa busca que probemos nuestro carácter de liderazgo y es por eso por lo que intentamos resaltar lo más posible dejando a un lado nuestra timidez fingiendo ser más decididos de lo que somos.

Dejando de lado el hecho de que el resultado más común con esta actitud puede ser que nos atropellemos con otros compañeros que han pensado lo mismo que nosotros por lo que puede que la prueba llegue a ser un caos… ¿Qué ocurre si el perfil que busca la empresa es el de una persona pausada, que sepa acatar decisiones y órdenes sin intentar continuamente imponer su opinión?

Habríamos estado perdiendo el tiempo cuando si nos hubiéramos mostrado desde el principio tal cual somos lo mismo hubiéramos encajado más en el perfil y nos habrían dado el trabajo…

Por lo tanto, la única norma que sí que debemos recordar es la de ir siempre con la verdad por delante. Lo demás vendrá solo.

¿Sabrías como enfrentarte a una dinámica de grupo?

La mayoría de nosotros nos hemos hecho esta pregunta en algún momento de nuestra carrera profesional. Y a pesar de las veces que hemos pasado por la misma prueba, siempre nos asalta la misma duda, ¿que tendré que hacer?

Con las dinámicas de grupo, ocurre lo mismo que con el dicho de que cada persona es un mundo, y es que cada dinámica puede ser totalmente diferente a la anterior.

La dinámica de grupo es una de las técnicas que algunas empresas utilizan en sus procesos de selección. Son situaciones simuladas, donde se plantea una situación problemática a un grupo de personas, para que en un tiempo determinado lleguen a un consenso o decisión.

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