El Capital Humano tan importante como el monetario
Se puede estar en la mesa de la oficina, se puede estar haciendo llamadas, rellenando informes, realizando proyectos o incluso teniendo una reunión con el resto del equipo pero, aún haciendo todas esas cosas, un empleado puede estar ausente. ¿Cómo? La respuesta es sencilla: estar presente físicamente en el puesto de trabajo no implica que no se pueda estar ausente emocionalmente.
Desafortunadamente esta situación es cada vez más usual: los constantes recordatorios del paro y de la crisis económica han generado un perfil de empleado que no está satisfecho con lo que hace pero que, aún así, no se atreve a manifestarse ni a cambiar de empleo.
La inseguridad actual no influye sólo en los que no tienen trabajo, también en los que lo tienen, están insatisfechos con el mismo pero a la vez temen perderlo por si no encuentran nada mejor. La consecuencia de esto es una repercusión negativa en los beneficios de la empresa, ya que este tipo de empleado baja su productividad al ver mermada su motivación.
Las razones que acompañan a una actitud como esta no se refieren sólo a la situación externa a la empresa; también el hecho de que desde dentro de la misma se adopte una actitud de chantaje emocional hacia el empleado influye así como también lo hace la falta de incentivos emocionales.
Es el empresario el que debe saber motivar a sus empleados y la manera adecuada no es sólo recordarles lo afortunados que son por tener trabajo (esto de hecho puede resultar contraproducente) sino lo afortunada que es la empresa por contar con ellos. De esta manera el empleado siente que es él el que proporciona valor a la empresa (y no la empresa la que se lo proporciona a él) y genera un compromiso con la misma implicándose más en su trabajo.
Reconocer los éxitos laborales de los empleados, darles la oportunidad de participar en la toma de decisiones y valorar sus opiniones es un precio muy pequeño a pagar por el gran beneficio que la empresa consigue haciéndolo: un aumento de su productividad y de sus beneficios. No hay que olvidar que, igual que se cuida el capital financiero de una compañía, el capital humano es igual de importante que el monetario y por ello hay que tenerlo en cuenta a diario.




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