Tiempo de crisis, tiempo de oportunidades
Para la empresa de hoy en día hay tantas redes sociales en las que mantener su imagen, tantos usuarios a los que escuchar, tantos cambios a los que adaptarse y tantas necesidades por satisfacer, que a veces gestionar su influencia puede resultar una tarea ardua y agotadora.
La teoría sobre cómo cuidar al cliente ofreciéndole transparencia y compromiso, cómo dialogar con él y cómo conseguir su confianza para que se convierta en portavoz de la marca ya es conocida por todas las empresas. Sin embargo, llevarla a la práctica es más difícil que asimilarla sobre el papel; siempre habrá detalles que se escapen y siempre habrá consumidores a los que no se pueda satisfacer.
¿Cómo se demuestra por tanto la calidad de una marca y, lo que es más importante, de su comunicación? No se deben descuidar las tareas anteriores independientemente de que los recursos empleados en ellas puedan no ser suficientes para satisfacer todas las necesidades del mercado; pero hay un momento más decisivo que el resto para demostrar el compromiso de una empresa.
La filosofía oriental ya lo decía: tiempo de crisis, tiempo de oportunidades. Gestionar bien un conflicto puede compensar todos aquellos consumidores a los que no se ha atendido o todas las innovaciones que no se han asimilado por falta de tiempo o de recursos.
Las pautas para manejar las crisis o las críticas no son muy diferentes de aquellas que marcan un buen diálogo y una buena comunicación: escuchar el conflicto, asumir las responsabilidades pertinentes e intentar poner a disposición del usuario todos los medios posibles para resolverlo. No obstante, para que no ocurra la saturación anterior hay que distinguir a qué críticas se debe prestar atención y a cuales no.
Las redes sociales son un buen canal para que el usuario exponga sus quejas, pero hay quienes aprovechan esta situación para hacer un acoso y derribo constante a las marcas con gran influencia. Es importante aprender a reconocer a estos detractores para poder ignorarlo puesto que la interacción con ellos no aportará nada a la marca.
Lo mejor es concentrar la energía y focalizar el trabajo en fortalecer las relaciones con los usuarios que de verdad tienen una necesidad insatisfecha más allá de la de querer mermar la reputación de la marca con una crítica vacía.
La clave para hacerlo está en no alterarse ni adoptar una postura a la defensiva. No tener miedo a disculparse, pedir más información al cliente, si es necesario para conocer el conflicto a la situación, y darle una respuesta, tanto por vía pública como por vía privada, son los pasos a seguir para resolver una crisis con éxito.
Autor fotografía: Javier (trackrecord)